domingo, 23 de septiembre de 2012

Pero claro, cómo fui a soñar tal París.

Era muchas veces y desde su existencia, un momento recurrido y esperado con amor, para que golpeara con ternura. Ese que te sabes y te sueñas todas las mañanas. Aquél que buscas y persigues y empiezas a divagar; a divagarte en un mil y cientos de palabras atrofiadas que no terminan de salir porque son interrumpidas "suavemente" por el sonido espeso de esa alegría: su risa. Y quitarle 10 minutos a tus días, y llevarte a donde fueras, inventar una ruta con tus lugares preferidos, tener siempre una respuesta. Saberte a ti y tus andanzas, tus miedos y también tus juegos; tus desaires y exactamente el tiempo que tendrías que quedarte, aquí. Aun con todo y que has rebasado ya el limite de tiempo. Las promesas de la vida serían siempre las mismas, ya sabes tú cómo va el amor ¿Lo sabes ya, verdad? Me tienes de sobra como el mundo mismo al humano.