viernes, 6 de diciembre de 2013

Norwegian Wood (This Bird has Flown) Midori, parte III (final que no es final)

—Rompí con él. Así de simple. —Se llevó un cigarrillo a los labios, lo encendió cubriendo la 
cerilla con una mano e inhaló una bocanada de humo. 
—¿Por qué? 
—¿Por qué? —gritó Midori—. ¿Estás mal de la cabeza? Sabes el modo condicional de los verbos ingleses, entiendes las progresiones, puedes leer a Marx... ¿Por qué esto no lo entiendes? ¿Por qué me lo preguntas? ¿Por qué le haces decir esto a una chica? Rompí con mi novio porque  me gustas más que él. Yo hubiera querido enamorarme de un chico más guapo. Pero qué vamos a hacerle... Me he enamorado de ti. Intenté decir algo, pero se me hizo un nudo en la garganta y no pude articular palabra. Midori arrojó la colilla en un charco.
—No pongas cara de espanto. Me deprimes. Tranquilo, ya sé que te gusta otra chica; no 
espero nada del otro mundo. Pero abrázame. Eso sí podrías hacerlo por mí. Durante estos dos 
meses lo he pasado muy mal.  Nos abrazamos en el fondo de la sala de juegos, bajo el paraguas. Nos estrechamos con  fuerza el uno contra el otro; nuestros labios se buscaron. Su pelo y la solapa de su chaqueta tejana  olían a lluvia. «¡Qué suave y cálido es el cuerpo de una mujer!», pensé. Percibía el tacto de sus  senos contra mi pecho a través de la chaqueta. Me daba la sensación de haber estado mucho tiempo sin haber tenido contacto físico con otro ser humano. 
—La última noche en que nos vimos hablé con mi novio. Y rompimos —dijo. 
—Midori, me gustas mucho. No quiero que te alejes de mí. Pero es imposible. En este momento estoy atado de pies y manos. 
—¿A causa de ella? 
Asentí. 
—Dime, ¿te has acostado con ella? 
—Una vez, hace un año. 
—¿Has vuelto a verla? 
—Sí, en dos ocasiones. Pero no hemos hecho nada. 
—¿Por qué? ¿Ella no te quiere? 
—Quién sabe —reconocí—. La situación es muy compleja. Tenemos varios problemas. Todo 
esto hace mucho tiempo que dura, y yo, la verdad, he acabado por no entender las cosas. Ni las 
entiendo yo, ni las entiende ella. Lo único que sé es que, como ser humano, siento cierta 
responsabilidad hacia ella. Y no puedo desvincularme. Al menos así lo siento ahora. Aun en el 
caso de que ella no me quiera. 
—Soy una mujer de carne y hueso. —Midori presionó su mejilla contra mi cuello—. Estoy 
entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero 
me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos 
bonitos, sé cocinar, tengo un depósito en fideicomiso en el banco con lo que me dejó mi padre. 
¿No te parezco un buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte. 
—Necesito tiempo —dije—. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es 
lo mejor. Lo siento, pero por ahora eso es lo único que puedo prometerte. 
—Pero yo te gusto y no quieres que me aleje de ti, ¿no es cierto? 
—Sí. 
Midori se separó de mí y me miró a los ojos, sonriendo. 
—Te esperaré. Confío en ti —accedió—. Pero cuando me elijas, quiero ser la única. Cuando 
hagas el amor conmigo, piensa sólo en mí. ¿Entiendes lo que trato de decirte? 
—Perfectamente. 
—No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me 
hieran nunca más. Quiero ser feliz. 
La atraje hacia mí y la besé. 
—Suelta este estúpido paraguas y abrázame con fuerza, con los dos brazos —me ordenó 
Midori. 
—Sin paraguas, nos quedaremos empapados. 
—¡Qué más da! No importa. Ahora quiero que me abraces sin pensar en nada. He estado 
aguantando durante dos meses.

Tokio blues, Norwegian Wood, Haruki Murakami 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Y si vienes me transformo en magia...

A veces tu rostro me visita y entonces recuerdo exactamente momentos en que sin pensarlo fui muchas veces llevada por tu mano a muchos lugares sin destino. Atraída sólo por el implacable silencio de tu mirada, yo no sabía, vos no sabías.. simplemente nos sabíamos y eso era más que suficiente para volver a nuestros cuerpos con la misma fuerza de siempre, con las mismas ansias de amarnos, si es que claro eso era amarnos. Sé de sobra que tienes aún esos te quieros en la memoria, sé de sobra que las manos no se han acabado;

lunes, 18 de noviembre de 2013

Midori, parte II

—Durante estos dos meses me he sentido muy solo —tercié. 
—Sí, ya me lo decías en tu carta —añadió Midori con voz átona—. En fin, será mejor que 
comamos. En este momento es lo único en que puedo pensar. 
 Terminamos toda la comida que nos sirvieron dentro de las cajas lacadas con forma 
semicircular, tomamos la sopa y bebimos una taza de té verde. Midori encendió un cigarrillo. 
Después, sin mediar palabra, se puso en pie y agarró el paraguas. Yo hice lo propio. 
—¿Adonde vamos? —le pregunté. 
—Hemos almorzado en el restaurante de unos grandes almacenes. El siguiente paso es ir a la 
azotea —dijo Midori. 
En la azotea, bañada por la lluvia, no había nadie. No se veía a ningún dependiente en la 
sección de artículos para animales de compañía, y tanto los quioscos como las taquillas de las
atracciones para niños tenían el cierre echado. Con el paraguas abierto, paseamos entre los 
caballos de madera, mojados, las tumbonas y las casetas. Me sorprendió comprobar que en pleno 
centro de Tokio existiera un lugar tan desierto y desolado como aquél. Midori quería mirar por el 
telescopio, así que metí una moneda en la ranura y sostuve su paraguas mientras ella miraba. 
En un rincón de la azotea había un área de juegos cubierta, donde se alineaban un montón de 
artilugios mecánicos para los niños. Midori y yo nos sentamos, uno al lado del otro, en una 
especie de plataforma y nos quedamos contemplando la lluvia. 
—Háblame —me rogó Midori—. Querías decirme algo, ¿verdad? 
—No pretendo justificarme, pero aquel día estaba exhausto, aturdido —dije—. No percibía 
bien las cosas. Sin embargo, al dejar de verte, lo he comprendido. Hasta ahora, he tirado hacia 
delante porque tú estabas a mi lado. Sin ti me siento desesperado, solo. 
—No lo sabes... No sabes lo desesperada y sola que me he sentido sin ti durante estos dos 
meses. 
—No, no lo sabía. —Me sorprendió—. Creía que estabas enfadada y que no querías volver a 
verme. 
—¿Serás estúpido...? ¿Cómo podía no querer volver a verte? Te dije que me gustabas, ¿no es 
cierto? Cuando me gusta alguien, no deja de gustarme así como así. ¿Ni siquiera sabes eso? 
—Lo sabía, pero... 
—Si me enfadé fue por lo siguiente. Y mira que estaba tan furiosa que te hubiera dado cien 
patadas. Hacía tanto que no nos veíamos, y tú, con la cabeza en las nubes, pensabas en la otra 
chica, sin mirarme ni un instante. Tenía todo el derecho de enfadarme. Aparte de esto, me dio la 
impresión de que me iría bien estar un tiempo separada de ti. Para aclarar las cosas. 
—¿Qué cosas? 
—Nuestra relación. En fin, yo cada vez lo paso mejor contigo. Mejor que cuando estoy con 
mi novio. Y eso, la verdad, no es muy normal, no es un buen síntoma, ¿no crees? Él me gusta, 
por supuesto. Es un poco egoísta, estrecho de miras, algo facha, pero tiene muchas cosas buenas, 
y es el primer chico que me ha gustado. Pero tú..., tú eres alguien muy especial. Cuando estoy 
contigo, siento que nos entendemos. Confío en ti, me gustas, no quiero dejarte escapar. Ese día 
me marché furiosa, así que le pregunté a él con toda franqueza qué creía que debía hacer. Y me 
dijo que no te viera más. Y que si volvía a verte, rompiera con él. 
—¿Y qué hiciste? 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Midori, parte I

«Te estoy escribiendo esta carta aprovechando que has ido a comprar unas Coca-Colas. Es la 
primera vez en mi vida que le escribo una carta a alguien que está sentado en un banco a mi lado. 
Pero es la única manera que he encontrado para comunicarme contigo. Porque apenas escuchas lo 
que digo, ¿no es cierto? 
»Hoy me has hecho algo terrible. No te has dado cuenta siquiera de que me he cambiado el 
peinado, ¿verdad? Después del tiempo que he tardado en dejarme crecer el pelo, a finales de la 
semana pasada por fin logré hacerme un peinado más o menos femenino. Pero tú no te has dado 
cuenta. Y yo que pensaba que estaba bastante mona y que, después de estar tanto tiempo sin 
vernos, te sorprenderías..., pero no te has fijado. Esto es el colmo, ¿no crees? Quizá no recuerdes 
qué ropa llevaba puesta. Yo soy una chica. Por más cosas que tengas en la cabeza, ¡podrías 
prestarme un poco más de atención! Hubiera bastado con una frase del estilo: "Te sienta bien este 
peinado". Te hubiera perdonado que fueras a la tuya, que pensaras en qué sé yo. 
»Por esto, te he dicho una mentira. No es cierto que haya quedado con mi hermana en Ginza. 
Hoy pensaba pasar la noche en tu casa. Dentro del bolso llevo el pijama y el cepillo de dientes. 
¡Ja, ja, ja! Parezco idiota. Si no me has invitado... En fin, te importo un rábano y, por lo visto, 
quieres estar solo, así que te dejaré en paz. Quémate las cejas pensando en lo que te dé la gana. 
»No creas que estoy enfadada contigo. Sólo estoy triste. Porque tú has sido muy amable 
conmigo y, a cambio, no he sabido ayudarte. Tú siempre estás encerrado en tu propio mundo y, 
cuando llamo a la puerta, "toc, toc", te limitas a levantar la cabeza antes de volver a encerrarte. 
»Ahora te acercas con las Coca-Colas. Parece que tengas la cabeza en las nubes. He deseado 
que tropezaras, pero no te has caído. Ahora acabas de sentarte a mi lado, te estás bebiendo la 
Coca-Cola a sorbos. Deseaba que al volver hubieras caído en la cuenta y al fin me dijeras:
"¡Anda, pero si te has cambiado de peinado!". Pero no ha habido suerte. Si te hubieras fijado, 
hubiera roto esta carta y hubiera dicho: "Vámonos a tu casa. Te haré una buena cena. Y luego nos 
iremos a la cama los dos muy juntitos". Pero eres tan insensible como una plancha de hierro. 
» Adiós. 
»P.D. A partir de ahora, aunque me veas en clase, haz el favor de no dirigirme la palabra.» 



jueves, 24 de octubre de 2013

Hablo de tu infinita soledad
-dijo el fulano

quisiera entrar a saco en tu memoria

                                       apoderarme de ella
                                                                      desmantelarla
                                   
                                    desmentirla

despojarla de su último reducto.
Tu soledad me abruma/ me alucina
-dijo el fulano con dulzura
                                                                    quisiera que en las noches me añorara
                                                                    que me echara de menos
me recibiera a solas.

Pero sucede que
-dijo calmosamente la mengana
si tu bendita soledad
se funde con la mía

ya no sabré si soy en vos
 o vos terminás                     siéndome.

¿Cuál de los dos será
después de todo
mi soledad legítima?

Miráronse a los ojos
como si perdonaran
perdonandose 

adiós
-dijo el fulano; y la mengana
adiós


domingo, 30 de junio de 2013

El pasado, la rutina, la energia. No en mi futuro.

Siempre es más fácil aceptar un rechazo que mil cuestiones largas y llenas de tener que soportar esa horrible idea no ser, de perder y ganar credibilidad a cada segundo. De sentir y no sentir, de bloquear siempre la mirada que te obstruye la salida. ¿Entrar? Ya comprendí que a veces necesito el silencio para saberte y pensarte bien. Del silencio que obtengo de mi contigo. Ese. 




No me inspira más el teclado que mil veces el papel y pluma, grafito o pintura, aun teniendo las ideas llenas.


viernes, 15 de marzo de 2013

1999-2013

1999. Pudo haber sido un domingo astromántico, pero es mejor, los días en el parque siempre son más divertidos ¡Y si llueve, mucho mejor! así podremos parecer muertos, cínicamente muertos en una noche eterna que tenga música de ascensores ¡Tú Oniria y yo Insomnia! Seres únicos que guardan universos infinitos, de esos que suelen romper las ventanas con incendios de nieve y calor. ¡♥! 
¿PD? A veces mi personalidad es tan como para decir "te hiero mucho" es ahí cuando mis sombras se vuelven de colores ¡Hagamos de hoy, una noche reversible!