miércoles, 26 de enero de 2011

Hoy, si, hoy, regrese de nuevo al mundo de la periferia, si, esa periferia loca e histérica. La cotidianidad de mi pasado la recuerdo mientras espero el tren entre un montón de personas que desconozco si llevan más prisa que yo, de golpe se convierten en salvajes, han olvidado que somos una "civilización" y sacan a flote su más profundo instinto animalesco. En una de esas, queridas señoras ¡Oh disculpen! "Señoritas",  han roto mi bolsa de escuela, mi morral, mi guarda cosas, pero no les importa, la verdad es que a mí tampoco, estoy dentro, justo donde quería estar... Y si analizamos bien la situación, no estoy muy cómoda, pero hay a mi alrededor un panorama que no se puede despreciar, si, ese que había olvidado, ese tan privilegiado que sólo se presenta en las mañanas y en las noches. En fin, esa pequeña distracción de apenas 2 minutos se vio fatalmente interrumpida por aquellos deseos desesperados de querer rebasar el tiempo,  se vio tristemente irrumpida por aquellos que se saben de memoria el dicho que dice que "todo cabe en jarrito sabiéndolo acomodar".
 Como decía, repasando mis apuntes de experiencia de vida comprendo que habrá otras 2 situaciones probablemente iguales. Un montón de apretones entre un montón de cuerpos ¡Sabe Dios si alguno de ellos impuro, líbrame Santo niño de Atocha!
Y bueno al final de este brevísimo relato y tras una espera muy “desesperante” casi me da un ataque de nervios o ansiedad, alguno de esos dos; pero decidí controlarme, no quería que me vieran raro porque por fin había llegado a mi destino, y estoy segura de que si alguien, desde la comodidad de su más preciado lugar,  pudiera mirar alguna de estas escenas, diría literalmente que el tren, si, el STC, ha vomitado.

1 comentario:

Adriana Salgado Durán dijo...

Este es uno de esos soliloquios que a veces tenemos a la mitad del día casi todos los seres humanos, que parecen un diálogo de novela de Cortázar o puede ser de cualquiera, en realidad.
¿No?