domingo, 19 de agosto de 2018

El estanque nuevo en el 18 de marzo



Hace unos dos días llamé por teléfono llorando de angustia e impotencia. No podía decirle lo  que estaba pasando pero sabía que iba a sentirme mejor después de haber llorado con ella que es, casualmente, una de las pocas personas en mi vida con las que me atrevo a llorar fluidamente.

La historia se filtró a través de mi piel sin que yo pudiera detenerla. Como siempre fui agua, otras aguas llegaban a acomodarse en mí sin que me diera cuenta de eso hasta ahora que lo estoy escribiendo. Así parece todo tener más sentido.

 Como decía, mi espacio reservado para aguas nuevas estaba ya desbordándose, casi nunca me doy cuenta de la inaccesibilidad que tengo a su moderación hasta que me percato de que me estoy inundando. Entonces mis pasos se aletargan y mi cuerpo se repele a la alberca como sistema de supervivencia para no desperdigarme en ella y perderme. Irme.

El desagüe se tiene que activar por sí solo, funciona de manera autónoma, de lo contrario desapareceríamos juntos.

Regresando a la llamada.

Días antes, cerca de la entrada el deportivo, habían empezado a construir unos cimientos pequeños para lo que, me imaginé, sería un tipo de fuente y que terminó siendo un estanque al que le atiborraron un montón de peces de color naranja. Esa escena me había remitido a, días antes, un paseo primerizo hecho en el jardín botánico de ciudad universitaria.

Nunca antes había entrado a ese lugar al que llevaba años idealizando. 


INCOMPLETO POR JUGARLE AL VERGAS Y PENSAR QUE LO PODÍA CONTINUAR DESPUÉS, NI SIQUIERA LA FECHA ORIGINAL TIENE



No hay comentarios: