«Te estoy escribiendo esta carta aprovechando que has ido a comprar unas Coca-Colas. Es la
primera vez en mi vida que le escribo una carta a alguien que está sentado en un banco a mi lado.
Pero es la única manera que he encontrado para comunicarme contigo. Porque apenas escuchas lo
que digo, ¿no es cierto?
»Hoy me has hecho algo terrible. No te has dado cuenta siquiera de que me he cambiado el
peinado, ¿verdad? Después del tiempo que he tardado en dejarme crecer el pelo, a finales de la
semana pasada por fin logré hacerme un peinado más o menos femenino. Pero tú no te has dado
cuenta. Y yo que pensaba que estaba bastante mona y que, después de estar tanto tiempo sin
vernos, te sorprenderías..., pero no te has fijado. Esto es el colmo, ¿no crees? Quizá no recuerdes
qué ropa llevaba puesta. Yo soy una chica. Por más cosas que tengas en la cabeza, ¡podrías
prestarme un poco más de atención! Hubiera bastado con una frase del estilo: "Te sienta bien este
peinado". Te hubiera perdonado que fueras a la tuya, que pensaras en qué sé yo.
»Por esto, te he dicho una mentira. No es cierto que haya quedado con mi hermana en Ginza.
Hoy pensaba pasar la noche en tu casa. Dentro del bolso llevo el pijama y el cepillo de dientes.
¡Ja, ja, ja! Parezco idiota. Si no me has invitado... En fin, te importo un rábano y, por lo visto,
quieres estar solo, así que te dejaré en paz. Quémate las cejas pensando en lo que te dé la gana.
»No creas que estoy enfadada contigo. Sólo estoy triste. Porque tú has sido muy amable
conmigo y, a cambio, no he sabido ayudarte. Tú siempre estás encerrado en tu propio mundo y,
cuando llamo a la puerta, "toc, toc", te limitas a levantar la cabeza antes de volver a encerrarte.
»Ahora te acercas con las Coca-Colas. Parece que tengas la cabeza en las nubes. He deseado
que tropezaras, pero no te has caído. Ahora acabas de sentarte a mi lado, te estás bebiendo la
Coca-Cola a sorbos. Deseaba que al volver hubieras caído en la cuenta y al fin me dijeras:
"¡Anda, pero si te has cambiado de peinado!". Pero no ha habido suerte. Si te hubieras fijado,
hubiera roto esta carta y hubiera dicho: "Vámonos a tu casa. Te haré una buena cena. Y luego nos
iremos a la cama los dos muy juntitos". Pero eres tan insensible como una plancha de hierro.
» Adiós.
»P.D. A partir de ahora, aunque me veas en clase, haz el favor de no dirigirme la palabra.»

No hay comentarios:
Publicar un comentario